Hace tiempo que voy guardando artículos en los que se habla de gatos, libros, publicaciones…He querido recuperar un artículo que se publicó en XLSemanal de octubre de 2012, me pareció apasionante de principio a fin y hoy quiero compartirlo con vosotros, amantes de los felinos. Lo plasmo tal cual aunque el artículo es más extenso. Si a alguno de vosotros os interesa,solo tenéis que pedírmelo.

Los gatos habitan entre nosotros desde hace 10.000 años, amados y odiados a lo largo de la historia, han conseguido hacerse un lugar en nuestra vida. Aunque seamos realistas, más que haberlos domesticados, les dejamos convivir con nosotros o ¿nos dejan convivir con ellos?; son el único animal doméstico que no se rinde a tener un dueño ¿porque? Vivir a nuestro lado, no implica domesticación. Los gatos, son nuestros aliados si se los deja en paz.

Tienen comportamientos compartidos, no hay más que verlos. Miran igual, cazan igual, se mueven igual y reaccionan igual ante los mismos estímulos. Quienes tenemos un gato en nuestro hogar, tenemos a escala, al auténtico rey de la selva en nuestro sofá…

Poderosos colmillos, afiladas garras y una agilidad prodigiosa… un cazador consumado. En silencio, con el sigilo de una sombra, el felino se acerca acechando hacia su objetivo. Sus ojos de cazador están diseñados para ver perfectamente en la penumbra y aún en la oscuridad de la noche. Mientras su presa apenas lo ve, no presiente lo que está a punto de suceder, el felino registra cada detalle del entorno, observa sigilosamente cada movimiento de su presa, sus músculos se tensan marcando el momento previo al salto. De pronto, el felino surge de la oscuridad con una velocidad inesperada… en segundos  una voz entonces saca al felino del mundo salvaje de su instinto en el que estaba absorto. Su dueña lo llama anunciando una cena apetitosa y un refugio caliente y cómodo. Como si la voz humana lo hubiera transformado, el gato suelta la presa y con elegante suficiencia se encamina a su hogar avisando de su llegada con suaves maullidos y gorgoritos, agradeciéndonos con pequeños roces la suculenta cena.

No es de extrañar  que la que consideramos  una encantadora mascota esconda en su interior un extraordinario cazador, cuyos instintos apenas disimula bajo su aparente autosuficiencia. Esa es su grandeza; por muchas generaciones que hayan estado junto a nosotros, los gatos siguen siendo el león que llevan dentro.



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