Me encanta conocer vuestras “historias de gatos”, en esta ocasión mi  “blogger invitada” es Voluntaria del Ayuntamiento de Zaragoza y la conocí en nuestras visitas semanales al CMPAMary tiene un claro “don” con los gatos, mininos que llegan huidizos o con miedo, ella se los va ganando poco a poco, con paciencia y cariño…ama a todos pero los gatos negros son su debilidad.

La invité a participar,  quería que la conocierais porque a pesar de su corta edad, tiene mucho que contar, quería   saber como llegaron los gatos a su vida y…esta es su historia.  

Leedla con atención porque Mary solo tiene 16 años, esa edad en la que parece que los jóvenes “no tienen nada que hacer”… “los jóvenes no se implican” ” los jóvenes no ayudan”… aquí tenéis el vivo ejemplo de que eso no es verdad, que no se puede generalizar y está aquí para demostrarlo.

Gracias por tu generosidad, sobretodo hacia ellos @Mary_RoxX . 

!Esta es su historia!Graffy

No sabría decir cuándo empezaron a gustarme los gatos. Mis padres me contaron que con menos de un año de edad, un gato negro saltó a mi carrito-cuna y que desde entonces estaba destinada a que me encantasen.

Aun así, nunca me dejaron tener un gato en casa por las malas experiencias que había tenido mi abuela con el suyo; que si arañaban, que si eran ariscos… y mil pegas más.

Por mucho que mis padres me decían eso, yo comencé a ser una enamorada de los gatos. Me remonto pues a 2011. Ese año fue el primero que comencé a tener contacto con estos animales, con solo 13 años.

En un club deportivo hubo dos camadas de dos gatos, de las cuales finalmente uno no sobrevivió. Comencé con mi prima a alimentar a la colonia, hasta tal punto que con nosotras únicamente eran como gatos domésticos.

Les cuidamos durante gatos de coloniacasi un año… pero los miembros del club empezaron a quejarse, ya que no querían tener a la vista a animales “callejeros y sucios”.

Pensaban que eran una “amenaza” para sus hijos, siendo que los niños del club maleaban a los gatos hasta tal punto de llegar a mantear a uno de ellos, gritando “mátalo”. Padres que en vez de hijos tenían monstruos, amenazaron con llevarlos a la perrera.

Así que entre mi padre y yo, tratamos de contactar con todas las protectoras de Zaragoza para encontrarles una casa. Pero ninguna nos respondió…

Finalmente, conseguimos colocar a dos (los más pequeños) y llevar a los demás a Lérida, al refugio “Proteger los inocentes”. En ese camino, yo me quedé con un gato. Era la primera vez que teníamos un animal distinto de un pez o una tortuga, y mis padres le dieron un tiempo de prueba para ver como reaccionaba. Se llamaba Grafiti (Grafy). Al mes de estar en casa, sin hacer nada que nos incomodase notamos que tenía fiebre. Le diagnosticaros un PIF seco, y a los dos meses nos dejó.

Nunca podré olvidar a un animal como él, hicimos todo lo posible por salvarlo (gastando cantidades de dinero elevadas en una medicación en pruebas). Aun así, se fue de nuestro lado.    Que en paz descanse. Tras su muerte, no pude evitar recordar a un gato del refugio de Lérida, el cual me estuvo siguiendo por todo el recinto. Así pues, por mi cumpleaños, pedí volver a Lérida a por ese gato.

Ahora llevamos ya dos años al lado de “Panda” un gato adoptado con ahora cinco años largos de edad, que fue abandonado y pasó un largo tiempo en el refugio. Es un animal increíble al que queremos toda la familia con locura, incluso mi abuela que tenía mala idea de los gatos.

Panda

!No podría cambiarlo por nada!

 

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